Pensamientos fugaces🌠

Si me hubieran dicho hace 7 años lo que estaría contemplando ahora, habría pensado que era una farsa. Desde lo que fui; pesimista y algo melancólica con la sociedad— me parecía absurdo sentir plenitud. Creía que esas cosas solo se conseguían después de la muerte. 

Con el tiempo entendí que la libertad es algo tan subjetivo, y que en ese entonces no conocía la diferencia entre lo que significaba cada cosa. La carencia de no saber nombrar las cosas no quiere decir que no existan. Todo lo que empezó con rabia ha sido transmutado en una oleada de vapor, relajante.

La mente muchas veces nos hace ver las cosas demasiado pequeñas, casi invisibles, o demasiado grandes, al punto de dar miedo. Pero la verdad es que la realidad se siente distinta: se siente real, y nada se percibe igual.

Esto es solo un reconocimiento a este año, que invita a ir hacia adentro más que otros anteriores. Es el año del Ermitaño, y me gusta, porque es una de mis cartas favoritas.

Este año me prometí nombrar las cosas. Sin perfección, solo nombrarlas, para abrir portales que me lleven a comprender.

Quizás deseamos tanto algo que, al obtenerlo, descubrimos que al sostenerlo también nos causa dolor. Y nos crea una paradoja: si lo deseé tanto, ¿por qué ahora me duele? Y, al mismo tiempo, surge la otra cara: si lo deseé tanto y me parecía casi imposible, ¿cómo es que ahora lo estoy contemplando y me genera plenitud?

Lo bonito de todo esto es que siempre tenemos la opción de irnos o quedarnos. Siempre tenemos elección. Irnos de espacios que cada día intentan apagar nuestro espíritu, y quedarnos en aquellos donde nuestro ser se eleva. Cuando creas que no, da un paso atrás, respira un poco y verás que sí.

Es válido detenerse a contemplar el horizonte.

Las respuestas siempre están dentro, aunque las busquemos en la interacción con el mundo. Incluso en esa interacción podemos escanear lo que sentimos en nuestro interior, sin evadir, con pausa, recordando que los segundos son los mismos y que los minutos pasarán igual.

Sentirse merecedor de las cosas buenas es una dicha.

No siempre tienes que saber el cómo; si lo sientes, ya es una señal.

La vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

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Déjalos ser para que te permitas ser.