Lo que cambia, lo que no y la vida en el medio.
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Creo en el cambio. En la transformación constante. En esa capacidad que tenemos de renovarnos, de pulirnos. Y me gusta que sea así. Cambio por mí, porque quiero ser mejor. Y cambio por los demás, porque imagina lo difícil que sería convivir conmigo si no me trabajara un poquito.
Sin embargo, hay cosas en mí que no van a cambiar. No por terquedad, sino porque son parte de mi esencia, como el latido del corazón o la forma en que la luna sigue sus ciclos. Sé que nunca continuaré una relación después de una infidelidad, ni mantendré una amistad después de una traición. Siempre evaluaré mis opciones antes de decidir algo y no volverme adicta a ninguna droga. Cada año tendré una libreta para escribir, hablaré con los animales y con todas las cosas, y cada mañana mi día empezará con café.
Evaluar la incomodidad, ni dejaré que otros me dirijan sin antes cuestionarlo. Seguiré escuchando más de lo que hablo, pintándome los labios de rojo y riéndome en momentos serios sin quererlo. Preguntaré el signo zodiacal, háblare de astrología y las vidas pasadas, haré preguntas poco comunes y seguiré dando el primer paso cada vez que lo quiera hacer, seguiré haciendo ejercicio y amaré por siempre el pastel de chocolate, asumiendo que cada trozo me regresa a la vida, madrugaré para ver el sol y mientras no conozca en el amor a mi scooby seguiré siendo shaggy solitaria, continuaré hablando de lo especial y evolutivo que es todo lo que nos rodea. Ver remodelaciones y el arte de la arquitectura. Aprender de las plantas y practicar. Querer mi espacio a solas, caminar sola, hacer cosas solas. Seguiré tomando sol hasta quedar como un camarón, observar, manteniendo mi privacidad, organizando cuando algo está fuera de mi control y eligiendo tenis sobre tacones incómodos (excepto botas, ellas tienen un trato especial). Experimentando recetas, repitiendo mi minipostre de avena y guineo, y bailando en el espejo porque sí.
Sé qué hay quienes reconstruyen relaciones después de una infidelidad, y respeto el proceso. Pero para mí, hay cosas que, una vez rotas, no tienen vuelta atrás. Como una taza de cerámica que al romperse pierde su forma original. Puedes pegar los pedazos, pero nunca será la misma. Y yo, cuando algo se quiebra de esa forma, en vez de intentar arreglarlo, prefiero observar la puerta y caminar hacia otro lugar.
Nos dicen que hay lecciones que hay que vivir en carne propia, pero yo creo en el poder de la observación. Si veo a alguien tropezar en una piedra, tomo nota y evito tropezar en la misma. No necesito caer en un barranco para aprender que el suelo duele. Mirarnos a nosotros mismos con honestidad, reconocer nuestras tendencias y comprender lo que nos funciona y lo que no, es un acto de sabiduría. Cuanto más nos conocemos, menos nos dejamos arrastrar por lo que no nos pertenece.
Ahora mismo estoy en la sala, con la ventana abierta, tomando café mientras el cielo está despejado. Mi mente quiere estar en la playa, pero mi piel sigue quemada del último día que fui. Aún no es verano, pero siento que será especial. Lo mismo dije el año pasado, y lo fue. Aunque me toco soltar muchas cosas en el camino, también me trajo experiencias nuevas, diferentes, necesarias. A veces nos aferramos con fuerza a lo conocido, porque creemos que si soltamos nos quedaremos vacíos. Pero lo cierto es que la vida es sabia, y cuando dejamos ir lo que ya no nos pertenece, creamos espacio para lo que realmente necesitamos.
La vida es un escenario. Algunos se quedan esperando el momento perfecto para salir. Otros, simplemente, cruzan el umbral del miedo y dejan que las luces se enciendan. Y al final, de eso se trata: de atreverse, de soltar lo viejo, de confiar en lo nuevo, de reírse en el proceso. Porque si algo he aprendido, es que el universo siempre repone lo que dejamos atrás. Solo hay que darle espacio para hacerlo.
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